Cuando un Pueblo sufre, los demás se conmueven. Y eso es lo que venimos sintiendo los pueblos americanos ante las atrocidades del gobierno chileno y su empecinamiento en la aplicación del más rancio neoliberalismo -anclado en la violencia física y social- para sojuzgar al gran y glorioso Pueblo chileno.
Una economía de mercado que expulsa a la pobreza a más del sesenta por ciento de su población, con una desocupación real de alrededor de 1 millón de personas y un Estado que ya no es garante de derechos humanos inalienables sino gerente de servicios, mero espectador de las especulaciones de grandes grupos financieros, es el marco donde se desarrolla un conflicto que tiene no solo a Chile sino a América en vilo.
El ámbito educativo es un claro ejemplo de esto: la inversión real en educación es del 0,3% del PBI, una de las más bajas del mundo. Este número suele presentarse mayor, pero lo que se esconde es el perverso mecanismo de créditos: quien no tiene dinero para pagar una educación de calidad debe pedirlo prestado y hay quienes suman esos préstamos al presupuesto invertido en educación, siendo que quienes verdaderamente erogan estos gastos son los y las chilenas y chilenos.
De esta forma, las familias se endeudan para pagar una buena educación que garantice cierta posición social. Quien no tenga para endeudarse -los sectores empobrecidos de la sociedad chilena-, vivirán excluidos de recibir una educación de calidad, socialmente relevante -esto mismo sucede con los demás derechos sociales como la salud, la vivienda, etc-. De este panorama nefasto de créditos y pueblo endeudado se desprende que el 15% de lo que se invierte en educación es invertido desde el Estado y el restante 85% es invertido por los privados que desean -y están en condiciones económicas de hacerlo- recibir la educación de este particular mercado.
Ante estas injustas circunstancias el Pueblo chileno ha dicho basta. El sufrimiento y la angustia pinochetista se revivió por momentos en las calles de Santiago, Temuco, Valdivia, Concepción, Valparaíso, rememorando lo peor de una derecha que se empecina en expulsar, marginar, golpeando -por uno u otro medio- a todo quien ose desafiar su orden de obsena opulencia para unos y de marginación para los más. Un centenar de jóvenes encerrados en un patio mientras los carabineros los llenaban de gases, sin permitirles la salida; carros hidrantes rompiendo ventanales de Universidades; escuelas asaltadas por la fuerza pública, fueron tristes postales de un día que muestra la ferocidad con que actúan los personeros de la reacción cuando los justos reclamos de quienes con su trabajo sostienen el mundo, se hacen oir. 
El pedido de una educación de calidad, gratuita y de excelencia académica para todos ha llevado a esta generación de jóvenes chilenos a manifestarse y en su manifestación encontrarse con otras generaciones que ven, en la juventud naciente, la esperanza de un futuro mejor para todos. Esperanza que se transformará en certeza cuando se observe con detenimiento a esta juventud que ya no solo es de países sino que poco a poco va sintiéndose más americana que nunca. Americana como lo quiso Bolívar y su maestro Simón Rodríguez; como la soñó el Che y la expresó Allende en ese magnífico discurso a la juventud en la Universidad de Guadalajara.
Por eso, compañeros y compañeras, Pueblo chileno: sus banderas son las nuestras, su lucha nuestro compromiso. Compromiso no solo de acompañamiento en vuestro territorio, sino en todos y cada uno de nuestros lugares: solo en cuanto fortalezcamos el campo popular en cada rincon de esta
América mestiza, estaremos más cerca de esta, la nueva y verdadera hora americana.
Un abrazo fraternal y Latinoamericano
MOVIMIENTO DE PARTICIPACIÓN ESTUDIANTIL “CAMILO CIENFUEGOS”
SECRETARÍA DE EXTENSIÓN DE FUA

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