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MORADO ES EL COLOR DEL AJUSTE

Mientras el gobierno de Mauricio Macri lleva adelante una política de entrega nacional y ajuste, Franja Morada, la agrupación universitaria de la Alianza Cambiemos (Pro+UCR), se esmera por desmarcarse de un gobierno al que ayudaron a ganar y del que hoy forman parte.

En esa coyuntura, la Universidad argentina se encuentra duramente golpeada por las medidas educativas y macroeconómicas impulsadas por el actual gobierno. Luego de 12 años de expansión, crecimiento y mejoras en el Sistema Universitario Nacional, en tan sólo cinco meses el Gobierno macrista nos hizo retrotraer a debates que los universitarios no teníamos desde la crisis de 2001.

Por supuesto que la Universidad Pública Argentina tiene sus problemas y desafíos, pero es innegable que por primera vez en la historia la Educación Superior Pública se ha convertido en una posibilidad para todas las juventudes de nuestro país, no sólo exclusiva de los hijos de pequeños burgueses (propietarios pyme, chacareros, comerciantes) y trabajadores calificados (maestros, profesionales).

Venimos de 12 años de un Gobierno de impronta popular que, con sus contradicciones, apostó a la educación superior pública, y eso se observa en la notable expansión de la matrícula universitaria, la creación de veinte nuevas universidades a lo largo y ancho del país, la recomposición sostenida de los salarios de los trabajadores universitarios, la repatriación de más de 1200 investigadores, los recursos destinados a la Ciencia y la Tecnología, y el gran aumento del presupuesto educativo que superó el 6,7% del PBI, son sólo algunas de las importantes medidas que caracterizaron estos últimos años.

Por supuesto que todos los problemas y los desafíos de la Universidad no fueron resueltos, pero es innegable que estos últimos años nos habían permitido dejar de lado los debates de la miseria y el ajuste neoliberal, y constituyeron un piso sobre el cual poder discutir cuestiones de fondo aún no resueltas del todo, como la universalización del Derecho a la Educación Superior (con el ingreso de los sectores populares y de primeras generaciones de universitarios), la creación de un nuevo marco normativo, el cumplimiento efectivo del ingreso irrestricto y la gratuidad, y el rol de la Universidad en el marco de un proceso de desarrollo nacional e integración latinoamericana.

Como contracara, el gobierno de Cambiemos en pocos meses nos está dejado un diagnóstico catastrófico. Ya a principio de año, Macri anulaba los Convenios de las Universidades con el Estado Nacional, dejando cientos de proyectos de investigación, extensión y transferencia en el limbo, al igual que cientos de docentes y estudiantes vinculados a los mismos. La subejecución presupuestaria y la quita de los subsidios a los servicios públicos han llevado a la Universidad Argentina a una situación financiera sólo equiparable a la avanzada de López Murphy-De La Rúa (Alianza UCR) con el recorte del 13% en 2001, que pone en riesgo las condiciones mínimas de la Universidad para funcionar. Ni hablar de las paupérrimas ofertas salariales para cubrir el año 2016 de nuestros docentes y no docentes, que apenas superan el 15%, con una inflación anual proyectada en torno al 50% que constituyen un verdadero golpe a los bolsillos y recuerda a los salarios de hambre de la década del noventa.

Ejemplos locales de estos efectos sobran. La UBA planteó que su presupuesto universitario sólo le alcanza para funcionar hasta el mes de agosto por los incrementos en las tarifas de los servicios básicos que sufrieron, la Universidad Nacional de Catamarca amenaza con clausurar el turno noche de cursado por similares razones y en la UNCuyo hay estudiantes becados que hace más de tres meses que no cobran.

Pero el activismo medio de la Franja Morada no tiene con el macrismo un problema ideológico, sino táctico. Emilio “Búho” Cornaglia en la última convención radical de Gualeguaychú lo explicaba de la siguiente manera: “Aquí se debate para definir si vamos a ir a una PASO con el Pro de Mauricio Macri o a una PASO agregando al Frente Renovador de Sergio Massa. Nuestra trayectoria de lucha en defensa de la Educación Pública nos lleva a un debate profundo acerca de qué hacer respecto a estas estrategias (…) y para la Franja Morada eso implica una lucha cuerpo a cuerpo, todo los días, todo el año, con otras organizaciones políticas pertenecientes a sectores de la izquierda y del peronismo, con los cuales nos sería muy difícil justificar virajes ideológicos que nos dejarían ´en orsay´, como se dice en la cancha de futbol”.

¿Cómo desligarse de un Proyecto donde nuestros cuadros garantizan la mayoría parlamentaria o conducen la política universitaria? ¿A dónde queda nuestro fingido progresismo, como jóvenes radicales, en el marco de un gobierno evidentemente neoliberal? Forma y no contenido. Táctica y no principios. Esas parecieran ser las únicas y verdaderas inquietudes de la Juventud Estudiantil de Cambiemos.

El jueves pasado, los morados marcharon con la Comunidad Universitaria en defensa de la Educación y en contra de la política de un gobierno del que, contradictoriamente, son base de apoyo e integran a través de cuadros provenientes de generaciones anteriores de militantes. Por supuesto, lo hicieron sin llevar una sola bandera de la Franja Morada. Para participar, se valieron del sello de la Federación Universitaria Argentina que conducen a partir de irregularidades y prácticas fraudulentas, que parecieran no haber abandonado a pesar de la ruptura del Movimiento Estudiantil Argentino en el año 2012. Esa política ha dejado a la FUA relegada de todas las discusiones políticas y sociales de los últimos tiempos, y la ha desintegrado como plataforma de organización de la lucha del Movimiento Estudiantil Argentino.

Desde el MPE entendemos que no se puede firmar un comunicado exigiendo más presupuesto sin decir nada sobre la subejecución ordenada por Alfonso Prat Gay y Esteban Bullrich. No se puede defender el trabajo y el salario docente, y oponerse al Convenio Colectivo. No se puede marchar por el Presupuesto Educativo mientras tus parlamentarios votan la entrega de la Patria a los buitres. No se puede hablar de los valores socialdemócratas y formar parte de un Gobierno que legitima el Golpe de Estado Institucional en Brasil. No se puede apoyar y militar por el gobierno de Mauricio Macri con la bandera de la Franja Morada y fingir ser su principal opositor con la bandera que debería representar a todos los estudiantes argentinos.

Su movilización se demuestra como una lavada de manos en una manifestación pública, para luego seguir justificando el ajuste de la Educación Pública por parte del macrismo. Los militantes populares sabemos que cuando las contradicciones son reiterativas, la hipocresía es parte de una conducta política. Hipocresía es ser morado, porque morado hoy es el color del ajuste.

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